Reflexión de un vecino sobre la sentencia del Espacio Argumosa


Reproducimos en el blog esta reflexión que nos han hecho llegar al correo sobre la sentencia al compañero Iván por la entrada al solar del Espacio Argumosa. Recuerda que puedes descargar la autoinculpación de: https://goo.gl/r4ROfb, rellenarla y sumarte a la campaña de apoyo a Iván #yotambiénlimpiéArgumosa

Dice el artículo 33.2 de la Constitución Española refiriéndose al derecho a la propiedad privada, que “La función social de estos derechos delimitará su contenido, de acuerdo con las leyes”.

Añade Enrique Linde Paniagua, que “Precisar cuales sean las funciones sociales de los distintos modos y formas de propiedad es una de las tareas fundamentales de la jurisprudencia que debe adecuar sus criterios al tiempo y circunstancias cambiantes”.

Dicho de otro modo, corresponde a las leyes dibujar los contornos del derecho a la propiedad privada atendiendo a su función social y a los tribunales dirimir los conflictos que surjan en las fronteras del interés público y el privado.

La sentencia dictada por el Juzgado de Primera Instancia Nº5 de Torrelavega, que condena a Iván Martínez como autor de un delito leve de usurpación, confirma poco más que el compromiso de la señora María José Arribas con los intereses de los propietarios.

No podría ser de otro modo. ¿O sí?

Constatado el problema que para los vecinos supone el estado de abandono de algunos solares urbanos, varios ayuntamientos han desarrollado fórmulas que otorgando seguridad jurídica a los propietarios, permiten su rehabilitación y aprovechamiento colectivo.

Veamos el caso de Zaragoza:

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“Los programas municipales de intervención sobre solares nacen en Zaragoza con el desarrollo, en 2006, del programa de intervenciones artísticas en el Casco histórico “Los Vacíos Cotidianos”, ideado por los arquitectos Ignacio Grávalos y Patrizia di Monte, en el marco del festival de arte urbano “En la Frontera”. Las intervenciones proponían la utilización de solares vacíos del Centro Histórico de la ciudad, cuyo paulatino abandono contrastaba con el boom que vivían las periferias urbanas en plena expansión inmobiliaria. El éxito de la iniciativa y la presión de los vecinos llevaron al Ayuntamiento a repetir y ampliar la experiencia mediante la creación de un programa específico para la puesta en valor de los solares en algunas áreas del centro de la ciudad.

Nació así, en 2009, el programa “Esto no es un solar”, iniciativa promovida por la sociedad municipal Zaragoza Vivienda que, con un presupuesto de 700.000 euros (la mayoría destinados a los sueldos de los 50 trabajadores que ejecutaban las intervenciones), interviene inicialmente sobre 14 solares del Casco histórico. Las actuaciones trataban de dar un uso público temporal a solares vacíos del centro urbano, corrigiendo el déficit en equipamientos y espacios públicos y generando, a la vez, algunos empleos entre parados de larga duración, que se ocupaban de las labores de acondicionamiento. Internet y las redes sociales fueron algunas de las principales herramientas que se utilizaron para llevar a cabo el proceso de participación ciudadana. El equipo de “Esto no es un solar” abrió un blog y utilizó Facebook para propiciar, facilitar y acelerar la participación de los vecinos, tanto en la propuesta del programa como en su gestión, pues con ellos se decidían y se pactaban los usos y el diseño de los espacios.

Las intervenciones del programa “Esto no es un solar” desplegadas en Zaragoza se caracterizan por partir de procesos participativos vecinales, ser actuaciones de bajo coste y alojar usos temporales tan diversos como: juegos infantiles, espacios para reuniones de vecinos, actividades lúdicas y deportivas, jardines y huertos urbanos. Además, a través de la señalética común, se nombran y enumeran los espacios para tratar de establecer una vinculación entre los vacíos del centro, que devienen, de esta forma, un sistema de espacios reactivados en red.

La intención era que, una vez reactivados los espacios, estos fuesen gestionados por las diversas asociaciones y colectivos dispuestos a utilizarlos. Sin embargo, no siempre fue así, hasta el punto de que algunos solares volvieron a cierto proceso de degradación e incluso algunos un total abandono. Tras dos años de programa surgieron voces críticas que denunciaban la falta de mantenimiento y la falta de implicación de las Asociaciones y vecinos en su gestión una vez diseñado el espacio, aspectos que se han tratado de corregir en estos dos últimos años tratando de implicar más a los vecinos y procediendo a la rehabilitación de alguna de las primeras intervenciones. En este sentido se trabaja en un solar en la calle de las Armas que pretende acoger un “Circo Social” impulsado por la Fundación Federico Ozanam y otros colectivos tras la dinámica surgida a través de unos talleres de circo realizados en colegios de la zona.

En 2010 el programa se extendió a toda la ciudad, pasando de una escala de barrio a una escala municipal. Esto permitió llevar a cabo unas intervenciones, a modo de acupuntura urbana, de integración en el paisaje, de definición de áreas de borde urbano e integrando nuevos espacios verdes en los ámbitos de las riberas del Ebro. Se trabajó así sobre otros 14 solares, uno por cada distrito y un total de 32.000 m² se transformaron en parques, áreas de juegos infantiles, áreas deportivas y huertos. Todos los proyectos han sido resultado de la colaboración entre la Oficina Técnica de Sociedad Municipal Zaragoza Vivienda, que acoge el programa “Esto no es un solar”, las Juntas de cada distrito en el que se intervenía, y un total de casi 60 asociaciones. Con ello las últimas intervenciones ya se han extendido al conjunto urbano: Miralbueno, Oliver, Casablanca, el Arrabal, las Delicias y Santa Isabel.

El programa continúa pero con importantes limitaciones presupuestarias. No obstante, la iniciativa, pionera en España, ha ido recibiendo numerosos premios y, lo que es más importante, se ha ido replicando en algunas ciudades españolas aunque con ciertas variaciones”.

Experiencias como esta demuestran que la voluntad política puede hacer posible la armonización de los intereses públicos y privados.

El caso del “Espacio Argumosa” es, desgraciadamente, bien distinto. Un grupo de ciudadanos decide libre y responsablemente llevar a cabo una acción -desde mi punto de vista, de importante valor simbólico, por posicionarse en la vanguardia de un cambio en los usos de la ordenación urbana- de rehabilitación de un solar en estado de abandono, para posteriormente ponerlo a disposición de la comunidad. La mayoría de los propietarios reaccionan con hostilidad y con la administración municipal en la inopia, es turno de la Justicia. De esta manera, un problema político se ve convenientemente reducido a un pleito entre particulares.

Fueron muchas las personas que participaron en aquella acción, pero casualmente -y facilitando la celeridad del proceso- todos los propietarios han denunciado a la misma, que ha sido condenada.

Si como he apuntado, el uso temporal de espacios urbanos degradados no lesiona el derecho a la propiedad privada cuando existe voluntad política de que así sea, la cuestión podría quedar solucionada si la corporación municipal de Torrelavega se diera un paseo por Zaragoza, Lleida, Barcelona o Sevilla. ¿El coste del viaje sería menor que la multa impuesta a Ivan? Seguro que sí.

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