Sobre Puentes, Promesas y Ríos de mentira(s)


IMG-20121210-WA0002Tribuna de Paco P. Payno (Ex Trabajador de Papelera de Besaya)

“Pues…, entonces construiremos también el rio, …qué cojones!”

Resulta que,  lo que era un chiste malo y – donde un fulano, con profusa desfachatez, pretendía ser alcalde de nosequé pueblo –cuya gracia dependía de quien lo contase, se ha convertido en el tono discursivo de muchas campañas electorales.

Y no debiera resultarnos extraño,  pues basamos la razón de nuestra existencia en una auténtica patraña.

Para dar forma a esta herética afirmación – desde la simpleza- se impone un paréntesis, donde un tipo que pretende sobrevivir entre el escepticismo y el ignorante descreimiento, se explique:  esto…, cuando, al principio, intentábamos adaptarnos a un entorno hostil y desconocido, recelosos del viento y la lluvia o del sol –con sus metódicas apariciones- y las tinieblas, surgieron intérpretes que configuraron aquellos fenómenos. Y le fueron dotando de contenido, con el dogma y la liturgia correspondiente, por el que los chamanes de turno impelían la pleitesía propicia. A toda esta tropa de dioses -cada uno con su curriculum particular- se le denominó, más tarde, politeísmo y fueron pululando, entre templos y lares, con iconos diferenciados. Huelga decir que, desde ese momento, el poder que ejercen los adalides de la superstición se alía, inevitablemente, con el poder de la fuerza, con los jefes de la tribu.

El primer pueblo monoteísta – un compendio de politeísmo- es el judío. ( Por cierto, ahora mismo, están defendiendo- otro eufemismosu singularidad, masacrando  palestinos). Y ahí se materializa el duopolio que aún sigue vigente: religión – un único dios, iracundo, vengativo y…perdonavidas) y patriotismo – el pueblo escogido-. A los que estamos en esta parte del mapa, nos resulta más próxima la historia que comienza cuando un tipo se cayó del caballo y – se llamaba Saulo y luego, con protocolo legionario, le conocimos por Pablo- al levantarse se le ocurre internacionalizar el judaísmo, sacándole del ostracismo. Basándose en sus escrituras, le otorgó, sin embargo, una pátina de contenido social y humanismo, incorporando  su profeta en un triunvirato y (Para los que contamos con los dedos – lo del dios uno y trino- son ecuaciones de segundo grado), la fecundación in vitro  con técnica ornitológica. Como todos los negocios, los comienzos fueron duros, hasta que lograron asentarse definitivamente-Constantino, cuatro siglos después del Belén,  los oficializó como  religión del imperio- para transitar por la historia con la ardua tarea – a sangre y fuego- de redimirnos; donde a los escasos cambios post-conciliares, solo habría que añadirle un aumento de la nómina, a quien se les pone velas.

A los zoquetes anticlericales –entre los que debería incluírseme- que ponen en solfa el anacronismo, falta de transparencia o autocrítica de los del púlpito, habría que recordarles que, recientemente, pidieron perdón por haber condenado, en su día, a Galileo. Bien, es cierto que han pasado quinientos años de aquello, pero si fuésemos comprensivos, deberíamos reconocer que, para unos elementos que manejan conceptos de eternidad, el tiempo es relativo. Poco más tarde nos quitaron otro derecho adquirido y proclamaron que el cielo no existe ( laputaquelesparió !) , que es una ilusión supongo, que influenciados (?) por aquel cuento de Monterroso, donde narraba la desazón que se produce cuando uno llega a semejante sitio: “…y, es que desde allí, el cielo no se ve !”. Y ahora, me acabo de enterar, desahucian a la burra y al buey del belén. Es qué…

Aparte de las diferentes franquicias que tienen logotipo cristiano, surge, seis siglos después del nacimiento del esenio, otro competidor monoteísta: el islam. Y, podría resumirse, como siglos después, alguien definía el cine: “Es siempre la misma película, el mismo guión, con distintos actores”.

La cuestión es que, durante siglos, nos han inoculado el factor del miedo y ya forma parte de nuestro código genético. Por los dioses y las patrias han matado y muerto- y siguen- en todo momento y lugar. Y, en realidad, detrás de tantas estampitas y trapos de colores, se esconden, solamente, intereses espurios.

 Me gustaría aclarar, una vez cerrado el paréntesis, a los que suponen que mi irreverencia es producto, principalmente, de la ignorancia que, honestamente, esto proviene(?) de sucesivas frustraciones infantiles. E intentaré explicarlo con una anécdota: cuando, de joven, mi horizonte vital llegaba poco más allá de Reinosa, hice –con dinero prestado- un viaje a Paris, para encontrarme con la que, más tarde, sería la madre de mis hijas. Tras una semana donde, incluso, me dio tiempo de admirar el urbanismo napoleónico, mi suegra se creyó en la obligación de saber si, al chaval aquel de pueblo, le había impresionado la gran urbe: “Sí, bueno si…, pero… ¿y las cigüeñas? ”Es licito pensar que, la buena señora, siga pensando que (quizá) su hija se precipitó un poco.

Pero, retomando el inicio, los púlpitos ya los tenemos en el salón de casa. Muchos intelectuales son, actualmente, mercenarios de medios de comunicación y nos bombardean, diariamente, con mensajes falaces. Ex-convictos, sin escrúpulos, dando lecciones de ética y moralidad; patriotas, evasores de capital a paraísos fiscales, envueltos con la banderita; clérigos, vestidos de carnaval, con cierto tufo pederasta que, habiendo hecho votos de celibato y castidad, quieren imponer sus criterios(?) sobre sexo y familia; expertos en economía que, con la misma cara, hoy dicen una cosa y mañana la contraria, para que sigamos siempre pagando los mismos; políticos que se retractan de sus promesas, sin retractarse, diciendo que, dadas las circunstancias(?), hay que hacer lo que ellos hacen porque (joder!) ellos hacen, sin duda, lo que hay que hacer.

Reconozco que, a veces, tengo deseos incontrolados, en contra de la lógica. A veces me gustaría que, las promesas- indecentemente troleras- de ciertos políticos –que llevan, permanentemente, ropa de domingo y cuadrilla de palmeros- se cumpliesen.

Sí, para tirarlos desde el puente y fuesen arrastrados por sus ríos de mierda. A más de cuatro.

Mientras tanto, sigamos esperando. Porque, como musitaba Galileo: “ … y, sin embargo, se mueve!”

 Firmado Francisco Pardo Payno

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Tra Pa

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